jueves, 25 de febrero de 2016

Calma tu sed con agua pero ¿de red o de botella?


Si tienes sed, nada como el agua. Y el agua del grifo es, en principio, la opción más económica y más saludable para el medio ambiente. ¡Y la de veces que me han preguntado y dicho lo mala que era el agua del grifo! 

Evidentemente su sabor, según que zonas consideremos, puede ser que no responda al ideal de agua como sustancia líquida insípida además de incolora e inodora. Pero no cabe duda que el agua de la red cumple su función de hidratación en adecuadas condiciones de seguridad y salubridad, al menos así se desprende de los informes publicados de los que se dispone. Según estos, la calidad sanitaria del agua de consumo en España en el año 2013 fue considerada apta para el consumo en el 99,3% de los boletines de análisis oficiales notificados en el Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo (SINAC). Información relevante si se conocemos que se corresponde con la utilizada por el 90% de la población cansada, es decir los residentes de un 79,9% de los municipios existentes.

La conformidad con la legislación por grupo de parámetros estaba por encima del 99% en el caso de los microbiológicos (99,7%), químicos (99,5%), plaguicidas (99,9%) y organolépticos (99,8%). Si bien existieron algunos parámetros con una conformidad con la legislación menor del 98% como fueron: sulfato (89%), actividad alfa total y cloruro (95%), cloro libre residual y sodio (96%).

En mayo de 2014, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio sobre el agua de la red en hogares de 62 municipios de las que analizaron las características propias de su origen (su grado de mineralización y dureza), su calidad higiénica y el nivel de posibles contaminantes. Se tomaron muestras de 50 capitales de provincia y de 12 localidades de mediano y pequeño tamaño.

El agua fue de una calidad buena o excelente en 55 localidades y sólo en 7 de las estudiadas (Lebanza, Ciudad Real, Palma de Mallorca, Arándiga, Barcelona, Huelva y Logroño) encontraron deficiencias que, sin ser graves como para decir que el agua no era potable, si que requerirían medidas de corrección. A la hora de interpretar esto, se ha de considerar que el agua puede cambiar según la estación y la meteorología.

¿Qué pasa con el agua mineral?

El agua mineral procede de depósitos subterráneos profundos que sale espontáneamente al exterior a través de un manantial o se extrae mediante una perforación.El origen de estos depósitos es la lluvia que, tras ser absorbida por la tierra, queda retenida por una capa impermeable formando un acuífero. Los terrenos que el agua atraviesa en ese camino actúan como un filtro que elimina los microorganismos y las sustancias extrañas. La lenta circulación del agua dentro de estos depósitos, hace que se cargue de minerales procedentes de los terrenos con los que está en contacto.


Según nuestra legislación éstas pueden distinguirse de las restantes aguas de bebida ordinarias: por su naturaleza, caracterizada por su contenido en minerales, oligoelementos y otros componentes y, en ocasiones, por determinados efectos; por su constancia química y, por su pureza original.


La demanda de agua embotellada se incrementa año tras año. En España, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el consumo acumulado en 2015 hasta noviembre ha sido de 55,2 litros de agua envasada al año por habitante, lo que supone un incremento notable de las cifras estimadas para 2011 (51,5 L per cápita). Su sabor y diferentes propiedades organolépticas las hacen gustativamente deseables y salvo aquellos que viven cerca de su origen habitualmente las consumimos embotelladas. Pero no todo el agua embotellada es mineral, puede, aunque en menor proporción, ser de manantial o incluso agua potable preparada o tratada. 

Y si consideramos los envases ¿tiene igual agua embotellada en cristal o plástico?


De vidrio o cristal se fabrican muchos envases y embalajes para alimentos y bebidas. El vidrio, uno de los materiales más cotidianos y con el que estamos continuamente en contacto, se fabrica básicamente a partir de sílice, caliza y sosa. Sustancia dura, frágil, translúcida, refringente (produce refracción de la luz) y mala conductora del calor la electricidad, el vidrio posee características que hacen que no interfiera con las propiedades de los productos que contiene. Su degradación química y erosión física son tan lentas, que no liberan sustancias que puedan resultar perjudiciales para el entorno.
Los materiales plásticos que se utilizan para envasar los alimentos están constituidos por pequeñas moléculas o monómeros que, junto a sus aditivos, pueden migrar al producto durante el proceso de fabricación del envase, el llenado o el almacenamiento. 

Existe una gran variedad de plásticos y para clasificarlos, se usa el siguiente sistema de codificación:




Los productos llevan una marca (el símbolo internacional de reciclado) con el número del código correspondiente en medio según el material específico.

El objetivo de este código es la identificación del tipo de polímero del que está hecho el plástico para su correcto reciclaje.



y OTROS (7): Discos compactos, aparatos electrónicos, lentes de sol, lámparas para automóviles, teléfonos y juguetes.

El número presente en el código, está designado arbitrariamente para la identificación del polímero del que esta hecho el plástico y no tiene nada que ver con la dificultad de reciclaje o la dureza del plástico en cuestión. ¡Y por supuesto nada que ver con el número de re-utilizaciones del envase que podemos hacer!

¿Qué ocurre con el agua embotellada?
Un estudio español de 2014 se ha centrado en aquellos compuestos que se pueden transmitir desde las botellas de plástico o vidrio al agua. En concreto, ha analizado cinco tipos de ftalatos –ésteres de ácido ftálico–, el dietilhexiladipato (DEHA), el octilfenol, el nonilfenol y el bisfenol A (BPA). Estas sustancias son las habituales en la fabricación de los envases, pero pueden tener efectos tóxicos en los órganos reproductores y en el sistema endocrino si superan ciertos límites.

Analizaron 131 aguas minerales de manantiales y tres aguas potables preparadas comercializadas en España. Las muestras se tomaron justo después del envasado en las plantas embotelladoras y tras un año de almacenamiento, para evaluar si durante ese tiempo se había producido la migración de componentes del plástico o aditivos.

Las conclusiones del estudio indicaron que tanto los envases de plástico o vidrio, como las aguas envasadas son completamente seguros para la salud y cumplen con la legislación vigente. Solo un 5,6% ofrecieron resultados positivos, aunque a dosis insignificantes. Los compuestos que aparecieron con más frecuencia son el DEHP o di(2-etilhexil) ftalato, relacionado con el tapón corona de los envases de vidrio, y el BPA, asociado a los envases de policarbonato, un tipo de termoplástico moldeable habitual en la industria.

(Habría que beber 231 litros de agua al día para alcanzar el límite que marca la legislación sobre el DEHP (0,05 mg/kg corporal/día) o 124 litros si se tratara del BPA).

La presencia de gas en el agua pareció potenciar ligeramente los procesos de migración, que, en general, estuvieron relacionados con el tipo de monómero o material plástico empleado para la fabricación del envase.

Pero en el 2015, otro estudio analizó en el laboratorio la actividad hormonal de 29 muestras de agua embotellada comercializada en el sur de España como “agua mineral natural” y procedente de diferentes manantiales naturales, los resultados indicaron que todas las muestras de agua tenían acción hormonal (estrogénica, androgénica, antiestrogénica y antiandrogénica), lo que sugeriría que el consumo de agua embotellada contribuye a la exposición humana de disruptores endocrinos. Sin embargo, los envases de plástico no son la única fuente de la contaminación y puede ser que la planta de procesado de agua y embotellado puedan también estar jugando un papel importante, entre otros.

Y ¿que problema existe en reutilizar los envases de las botellas?
Eso de rellenar una botella de plástico de agua de red, es una cosa frecuente que todos hemos hecho pero hemos de recordar que estos recipientes fueron diseñados y fabricados con la idea de un solo uso y en el mejor de los casos con la posibilidad de reciclar el plástico. 


Tres razones bien fundamentadas se dan desde el blog gominolasdepetroleo para no reutilizar las botellas de agua:
  • evitar que se introduzcan líquidos peligrosos para la salud, que puedan ser confundidos con agua.
  • evitar riesgos microbiológicos: contaminación microbiana, a menos que se laven de forma regular con agua y jabón.
  • el material plástico que compone la botella (el PET) puede ceder al agua ciertos compuestos potencialmente tóxicos, como antimonio. Aunque en condiciones normales de consumo, estos compuestos se encuentren en cantidades que, a priori, no suponen un riesgo para la salud, su cantidad puede aumentar con el tiempo de permanencia del agua en la botella y también con el número de reutilizaciones que hagamos de la misma, algo que se debe al deterioro del plástico.
En resumen, reutilizar las botellas un número moderado de veces no representa un riesgo para la salud, siempre que no se deje transcurrir mucho tiempo desde que se vacíe hasta que se rellene, no se exponga la botella al sol ni a elevadas temperaturas, ni se rellene con productos que no sean aptos para el consumo, etc.





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